miércoles, 16 de marzo de 2016

UN GRAN DESAFÍO: Chicos de la calle

                                  UN GRAN DESAFÍO: Chicos de la calle
Leyendo un ensayo sobre los niños de la calle en México, pensé en investigar sobre este tema. Después de leer diferentes fuentes, pude averiguar cuáles pueden ser las posibles condiciones que llevan a muchos a vivir en la calle. Algunas de las causas que los llevan a tomar esa decisión fueron que han sido abandonados, que son huérfanos o que han sido expulsados de sus hogares que han sufrido maltratos en su casa, abusos físicos y/o sexuales, el mal vínculo con sus padres, hermanos, tíos, pasar hambre y algunas más…
Algunas de las preguntas que me hago son, ¿por qué de tan chicos? ¿Dónde estarán sus padres? ¿Por qué los dejan manejarse solos a esa edad que son tan chicos? Pueden correr tantos peligros estando solos a esas horas, pero después me pongo a pensar las cosas que le debió pasar a ese niño en su casa para llegar a estar donde está, me dan ganas de ayudarlos, de charlar un rato con ellos, y de que me cuenten sus historias, de darles amor, cariño, afecto que tal vez ellos no reciben donde pasan el mayor tiempo de sus vidas.
                                                     
 (imagen de google)
Generalmente estos chicos se van de sus casas buscando una salida a todos esos problemas que tienen, buscan un refugio en la calle, tratando de ganarse la vida ellos solos, sin ayuda. Las condiciones que tienen que soportar claramente no son buenas, los podemos encontrar a cualquier hora y en algunas calles de nuestra ciudad, podemos ver a los chicos cuando llueve, cuando  hace mucho calor, cuando hace frío. En esos momentos que nosotros nos los encontramos pidiendo o trabajando en la calle, ellos tendrían que estar en la escuela aprendiendo algo nuevo con sus amigos, con una buena alimentación para su desarrollo y así poder tener una vida decente. Probablemente al continuar en esa situación de riesgo lo más seguro es que caigan en la delincuencia, la droga, el alcohol o que fueran abusados por otros de los cuales no pueden escapar.
En conclusión no estoy de acuerdo con la situación que viven, pienso que deberíamos comprometernos como sociedad para ayudarlos, no sé cómo,  pero si pienso que no es precisamente dándoles dinero a chicos tan pequeños y algunos no tan pequeños trabajando o pidiendo o tratando de vivir por si solos o llevando esa plata que ganan a las familias para tener un plato de comida cuando son menores de edad y su única preocupación debería ser estudiar y jugar.
Más triste aun es ver cómo la gente pasa a su lado con indiferencia,  ignorándolos,  con miedo o dándoles dinero y a veces de mala manera.
 ¿Es que acaso no son personas que merecen ser tratados  como tales? Quienes son o somos responsables de esto? ¿Son los padres? ¿El destino? ¿Donde puede estar la solución?

Es un desafío para quienes tenemos la suerte de tener otra historia tratar de cambiar esto y ayudarlos a los que están y los que estarán.
La Droga a la vuelta de la esquina

Hace un año, en marzo de 2015, fui con toda mi familia a un viacrucis, con testimonios presentes en la villa la Cava. Mientras hacíamos el recorrido en grupo, vi distintas situaciones, muchos se sumaban a la caminata mostrándose muy interesados, y otros solo miraban sonriendo cómo pasábamos. Pero al mismo tiempo había gente consumiendo paco, mariguana, pegamento y otras sustancias en los pasillos del barrio. Ésta situación me sorprendió bastante, ya que con mi familia estábamos muy contentos disfrutando de la caminata, mientras que otras personas, alrededor nuestro estaban completamente perdidos, en su mundo de olvido. Y esa situación me pareció un gran problema.

                                                                                                            (Imagen sacada de Google)

Este problema no estaba solo en la villa, sino también en barrios como Acassuso, Las Lomas,Olivos y a la vuelta de mi casa .Se podía ver en chicos y en grandes, en gente muy cercana como amigos y familiares, en gente con pocos recursos como también en grandes empresarios. Entonces fue ahí donde empecé a preguntarme porque la gente consumía drogas.



Y llegue a la conclusión (realizada desde mi puntode vista) de que los vínculos sociales tienen una gran importancia en el consumo de drogas. A lo que me refiero es que  la mayoría de las personas adictas, tienen problemas, con amigos, familiares,o alguna situación del pasado. Esos problemas y situaciones, son cosas que no siempre son habladas o tratadas. Esos problemas son heridas que no son expresadas, que se guardan, que se ocultas, que quieren ser borradas. Y a pesar de que hay muchas formas de tratarlan, muchas personas optan por no hacerlo, y consumir drogas. Los adictos consumen por primera vez pensando que la droga va a hacer desaparecer todos sus problemas. Pero cuando el efecto de la droga se va, vuelven a recordar esos problemas (expulsión de trabajo, papas separados, papa violador, mala relación con amigos / familiar etc. ) que tanto quieren olvidar, que comienzan a consumir de vuelta , y cada vez más.

Como conclusión yo creo que los adictos tienen que concentrarse un momento en lo que sienten,en lo que les pasa .Y descargarse, contándole, ya sea con un amigo o persona querida. De esa forma no se guarda nada para  mismo, y de a poco van a ir solucionando sus problemas y el tema del consumo de drogas.

Juana Dominguez Olivero

martes, 15 de marzo de 2016

La pedagogía de los videojuegos supera al sistema educativo.


 Nadie sabe cómo va a ser el futuro, pero sí sabemos cómo no va a ser. No se van a necesitar las mismas herramientas que usaron nuestros padres, abuelos y generaciones pasadas. Estamos en una era donde la información ya NO es nuestro bien cultural más preciado. En los últimos siglos, el sabio era aquel que tenía los datos, el que los recordaba. Ahora cualquier adolescente de cualquier escuela de Buenos Aires tiene acceso a más información de la que soñó cualquier sabio de nuestra historia. 



"Vengo a enseñarles algo que les va a servir para la vida cotidiana de ustedes. Esta es la Stranda, un mueble, una cómoda que se vende en las tiendas IKEA, en Europa. Este es el manual, que viene con las piezas para armar. Presten atención, saquen apuntes. Acá pueden notar los tornillos, donde dicen las cantidades y especificaciones de cada u--saquen apuntes enserio que va a haber una prueba escrita en 2 semanas, después les voy a poner los teléfonos de los profesores particulares. Está todo bien explicado, con indicaciones y poco texto, de cómo pueden hacer para armar la cómoda. Como dije, la prueba va a ser escrita, y después les voy a poner una nota. La mala noticia es que no todos van a sacar buena nota. Los que saquen buena nota, esos van a ser privilegiados. ¿Por qué? Porque cuando abra IKEA acá en Argentina, y ustedes necesiten una cómoda, y por esas casualidades necesiten el modelo Stranda, van a saber armarla. Y lo aprendieron acá, en mi exposición.

Parece disparatado, pero así es como funciona nuestro sistema educativo. Así es como enseñamos a nuestros niños, adolescentes, y a los jóvenes en las universidades. A nadie se le ocurre querer armar un mueble sin las piezas, estudiar de memoria el manual, hacer una prueba escrita sobre ese manual- porque quizás en algún momento voy a tener acceso a esas piezas. Y sin embargo, así funciona la educación." 



Esto lo dijo Eric Jordan en una de sus charlas. El es diseñador, empresario y académico. Creó juegos para Disney, Pixar, Cartoon Network, WB y Lucasfilm. Es Catedrático de Videojuegos de la Universidad ORT y columnista en CNN en Español y El Espectador.


Él explica que desde su punto de vista, y uno muy acertado, los videojuegos enseñan mejor que la escuela. Esto se debe a que hoy en día, la educación se basa en un listado de pruebas y calificaciones aplicadas sobre la memoria y el entendimiento que tuvo aquél alumno sobre la información que, puede o no, interesarle al mismo. Esto no es porque seamos tontos, si no porque, como remarqué en la introducción, en el pasado, la información era bien más preciado que podía tener uno, y este lo podía etiquetar como sabio a tal o cual. 

Hoy por hoy, el humano niño o adolescente, aprende jugando. O simulando. Como puede ser bien un simulador de vuelo. Alguien que quiere aprender a ser piloto, puede hacerlo jugando. Se inicia la simulación y el 'jugador' puede probar cosas, basarse en la enseñanza de algún hoy llamado "tutorial" o simplemente dejarse llevar y intentar una y otra vez despegar aquel airbus. Tiene un espacio para probar, intentar, equivocarse. El que hace se equivoca, y el que se equivoca aprende. Jugando así, los humanos aprendemos a hablar, a caminar, a interactuar.

Cuando a un adulto le dan una, por ejemplo, tablet. ¿Qué hace para aprender a usarla? Empieza a tocar y dice 'ah no, por acá no porque talvez pase algo'. En cambio el niño o adolescente toca por todos lados hasta que pase algo, hasta que aprenda a controlarla, a dominarla. 


La escuela nos hace tener miedo a equivocarnos. Sos un inútil, te pongo mala nota, repetidor. Un niño en un videojuego, se equivoca, y simplemente empieza de vuelta. Puede ser frustrante no ganar, pero todos sabemos que lo que te permite el juego es poner TRY AGAIN y así uno, aprende, haciendo cosas, y no, como la escuela, que sigue dándonos manuales para armar cosas, sin darnos las piezas. 


Estamos llevando a cabo un sistema educativo que no entiende, que no comprende, que no respeta al alumno, al joven que algún día va a ser el futuro. Tenemos que cambiar, y podemos cambiar. El botón de play again nos da más oportunidades. Y eso es lo que necesitamos los jóvenes.
Parabrisas que hablan
Son muchos los parabrisas que se ven en las calles tanto de barrios como ciudades. Parabrisas que significan mucho más de lo que parece con sus calco-manías que no pasan desapercibidas. Miembros familiares, colegios, lugares turísticos, equipos deportivos, marcas y mucho más se pueden ver reflejados en ellos. Entonces, ¿qué sentido tiene? ¿Qué tratan de mostrarnos? ¿Tiene algún significado o es simplemente algo decorativo?
Yo me di cuenta que pueden hablar por si solas acerca de una persona o familia. Y no solo eso, sino además que quizás haya una intención de mostrar esos gustos o lugares a los que se pertenece. Sabemos que existe una gran mayoría de la sociedad que hoy en día se guía por el materialismo. Y los parabrisas no quedan afuera de esto. Por ejemplo, si nos encontramos con un auto lujoso, con la calco-manía de un colegio privado, algún club de golf y la “manzanita” de Apple, ya a simple vista podemos notar no solo la clase a la que pertenece, sino también sus intereses y alguna intención oculta de mostrarlos. También los carteles que indican “yo estuve en…” que se los pegaron en las vacaciones y aún conservan, o calco-manías publicitarias que también muestran determinado nivel de vida.
Entonces, tan solo con mirar la parte trasera del auto, podemos llegar a saber cuántos miembros familiares hay, si tienen mascota o no y que posición económica tienen creando un perfil determinado. Si fuese por una cuestión decorativa, creo que se elegirían flores, corazones o hasta garabatos. No veo que una calco-manía de un supermercado de Pinamar le de cierta estética al auto. ¿Qué estamos tratando de mostrar? ¿Es esto una competencia? ¿Es posible que muchos nos fijemos en cosas tan superficiales como esta? Si, ese es el nivel al que nuestra sociedad ha llegado y que nosotros fomentamos día a día. Y una de esas formas es pegando una calco-manía más en el vidrio. Podría parecer una pavada, pero es solo cuestión de prestar más atención al auto de adelante del semáforo para darnos cuenta lo que en realidad están diciendo el parabrisas. Creo yo, que no es simplemente por estar orgullosos de un equipo o un colegio, sino que va mucho más allá y hasta se aleja de esa primera idea. ¿A qué clase de “club” creemos que pertenecemos por tener esa calco-manía? Me parece hasta triste pensarlo de este modo, prefiero quedarme con la idea de que son irrelevantes o para decorar el auto y no el deseo de pertenecer a ningún grupo de la sociedad.

En conclusión, podría decirse que los autos son un catalogo más de la sociedad en donde se clasifican distintos tipos, gustos y grupos que avisan al pasar que son lo que parecen. Y este análisis no es por juzgar, sino por querer acercarnos a una sociedad con menos etiquetas y más igualdad. 

Islas Malvinas



Hoy estaba buscando en noticieros web alguna noticia que resultara interesante para escribir en el blog, y me encontré con una que me llamo la atención; la nota se llamaba "Compromiso por Malvinas", la nota básicamente decía que la cancillería Argentina sigue comprometida en llegar a un acuerdo justo y pacifico respecto a las Malvinas, y luego contaba un poco sobre su historia. Este articulo me llevo a considerar toda la controversia que hay respecto a estas islas, y por sobre todo cuanto las reclama la sociedad Argentina.  Esta nota me ha llevado a pensar, ¿son las Malvinas el mayor sentimiento de nacionalismo que siente Argentina?
Mas allá del contexto histórico en el que se dio las famosa batalla por las islas, es decir, bajo una dictadura militar. He escuchado gente de todas las edades hablando de ellas, defendiéndolas, diciendo que "son nuestras", y hablando de la guerra casi con orgullo. Y poniéndonos a analizarlo fríamente, no hay muchos momentos en los que la Argentina siga manteniéndose tan unida como en este caso, claro, existen días  como el 9 de Julio (día de la independencia), pero en mi opinión, a ninguno de estos acontecimientos se lo recuerda con tanto orgullo y respeto como el de las Malvinas.

Muchos deben de preguntarse el porque a esto, porque seguir peleando por algo que perdimos hace ya mucho tiempo, porque seguir defendiéndolas, mas allá de los beneficios económicos y geográficos que estas islas traigan, la sociedad las exige por otro motivo, la sociedad las exige porque la guerra fue un momento de severa conmoción, fue un momento en el que el mundo escucho hablar de Argentina por algo que no sea el fútbol, fue un momento que mantuvo a los argentinos unidos por sobre la dictadura, fue un destello de esperanza en aquel infierno, algo de lo que aferrarse e ilusionarse.

es por eso que este sentimiento nacionalista se a pasado de generaciones en generaciones


nota:http://www.argentina.gob.ar/noticias/4060-compromiso-por-malvinas.php

lunes, 14 de marzo de 2016

HELADERA SOCIAL

 Hace una semana, viendo el noticiero me entere sobre este proyecto que me intereso muchísimo. En Tucumán,  los dueños de un restaurant llamado Maña Maña, pusieron en práctica la primera “heladera social” del país, que consiste en donar la comida que se preparo, pero que no se se les sirvió a los clientes. Con esta iniciativa, las personas que no pueden pagar los alimentos, puedan ir y tomar de forma gratuita lo que necesiten. De esta manera, se obtienen dos resultados muy buenos; no tirar la comida a la basura y alimentar a las personas.

“La comida no se tira” es la frase que utilizaron Fernando Rios, Luis Pondal y Dañel Viñas, los dueños del restaurant, para justificar este increíble y solidario proyecto. 

Una de las primeras cosas que pensé al enterarme de esta idea fue la duda de si podría durar en nuestra sociedad sin que las heladeras sean robadas o la comida maltratada. Pero para mi sorpresa, el efecto fue totalmente contrario; la idea se viralizó cada vez mas, generando un efecto contagio en otras provincias y también en los vecinos locales que comenzaron a participar en esta fantástica propuesta.


                                                                              
“Para quien lo necesite” , “ser solidarios”, “gran responsabilidad”, son frases que destaco de esta nota, que me hicieron sentir que la gente se preocupa por el otro y que desde lo que hacemos todos los días podemos ayudar. En este caso, al tener un restaurant, los dueños ayudan donando comida, y todos los que quieran ayudar se suman a esta propuesta.

Considero importante no dejar todo acá, que esto sirva para concientizar y para generar nuevos proyectos solidarios en donde se pueda ayudar a las personas que lo estén  necesitando de diferentes maneras.

Lo que me gusta principalmente de este proyecto es que la gente da desinteresadamente, sin esperar nada a cambio y que los organizadores lo hagan simplemente con ganas de ayudar y de hacer felices a otras personas.

Todo esto me deja un interrogante para compartir. Desde mi lugar ¿qué puedo hacer yo para ayudar al otro? Porque al fin y al cabo, estas acciones, además de ayudar y hacer felices a las personas, nos completa a cada uno de nosotros como seres humanos.

domingo, 6 de marzo de 2016

Un vidrio

Hay distintos modos de transitar la ciudad. Desde el auto todo transcurre sin grandes contratiempos una vez que uno aprendió a resignarse al tráfico del centro porteño. Y es bien sabido que una resolución eficaz para la resignación es el aislamiento. Con las ventanas bien cerradas por el frío, la radio prendida y el automatismo de frenar y arrancar esquivando motos y colectivos, los edificios y los semáforos se suceden. Somos lo que parecemos, pequeños destinos volviendo a nuestros hogares, ensimismados, abismados en nosotros mismos. Los otros autos, la gente agolpada en los colectivos o aún más contracturada por debajo, en el subte, todos somos lo que parecemos. Una marea humana de aislamiento en la muchedumbre, un terror de mirarnos a los ojos, porque ¿qué hemos de hacer si nos encontramos?


En la esquina de Avenida Córdoba y Larrea, en ese lugar donde el transitar se hace espeso, justo en ese lugar, Luis limpia los vidrios de los autos atrapados por el semáforo. Más que preguntar, la realidad irrumpe. Y eso es Luis, aunque él lo desconozca, porque su condición de sujeto le es negada sistemáticamente. Es una realidad humana que irrumpe de tal modo que uno no pueda decir que no. Voy a explicarme mejor. La mayoría de los automovilistas dicen “no”, pero el aviso ya está dado. La mecánica de la ciudad es de autos por las calles y transeúntes por las veredas. Tránsito, trenes, transeúntes y Luis. ¿Qué es lo que él está haciendo allí?

Si le preguntáramos, él diría “me estoy ganando una moneda”. Si le damos una moneda, como si fuera una limosna, él nos dice “dejame que me la gane” y nos limpia el parabrisas aunque esté impecable. "Trabajo" es la palabra que me parece más adecuada, pero ¿quién se atrevería a decirlo? Porque si eso es trabajo ¿qué nos diferencia a los que vamos dentro del auto, los que trabajamos de verdad? En esos lugares preparados para trabajar, está claro cuál es el adentro y cuál el afuera. Y lo mismo pasa cuando vamos en nuestros autos.

Nosotros, los que no estamos obligados a establecer nuestro trabajo en un lugar donde se transita, los que podemos decir “yo trabajo” sin generar polémicas. Nosotros, los que tenemos curriculum vitae, tarjetas personales, escritorio, los que tenemos la billetera llena de credenciales con nuestro nombre. Los que pertenecemos al gimnasio, al banco, al videoclub, al supermercado, a la medicina privada. Nosotros, los que estamos habilitados, los que estamos de este lado del vidrio.

Y del otro lado, Luis, con su nombre de rey francés, con su pequeña violencia que trastoca el orden de autos y transeúntes. Obligado a abrir un espacio antes inexistente, no pensado para el trabajo, no pensado para las personas, sino para los automóviles y los autómatas que los conducen. Luis en ese no-lugar, irrumpiendo en ese brevísimo momento en que el semáforo nos detiene y no hay tiempo para la pregunta. Decimos que sí o que no, gesticulamos, bajamos la radio, bajamos la ventanilla, quizás le preguntamos a Luis su nombre. Quizás nos responda “Luis” y nos desee buen fin de semana.

Gracias Luis.